El castillode Gormaz dibujaba su impresionante silueta en los cielos de Castilla . Aún los moros eran dueños de aquel lugar , junto al Duero , y en el pensamiento de Fernán González , Conde de Castilla , no había otra idea que la de conquistar aquella plaza . Todos los esfuerzos eran pocos y el héroe castellano no reparaba en nada , con tal de concluir el trabajo de expulsar a los moros de Castilla , la cual no llegaba entonces más allá de las riberas del Duero . Para ello , Fernán González había acampado sus tropas cerca del castillo de San Esteban , llamado después Santisteban , y había mandado levantar una pequeña ermita . Los piadosos y valientes nobles de Castilla habían contribuido con grandes sumas de oro en la nueva edificación hasta convertirla en un pequeño monasterio . El mismo conde ordenó que doce monjes de San Pedro de Arlanza vinieran al nuevo templo y se encargaran de su cuidado . Los infieles sarracenos se habían acercado por el valle y Fernán González ordenó sus tropas para la batalla al día siguiente . Aún no había amanecido cuando los capitanes cristianos entraron en el nuevo monasterio para oír misa . Los frailes rogaron a Dios que protegiera al conde y a todos los suyos en el terrible lance que se avecinaba y prometieron rezar durante todo el día . Fernán González permaneció en la iglesia unos momentos , y tras reclinarse ante la imagen de Jesús crucificado , salió para colocarse la armadura y disponer las tropas . Otros capitanes se quedaron un tanto más en el templo , y poco a poco fueron saliendo todos....excepto Martín Antolínez , que aún seguía frente al altar , con las manos en el pecho y rogando por la victoria cristiana . Ya estaban todos los capitanes cristianos preparados , la caballería dispuesta y la infantería deseosa de entrar en combate . Fernán González mandó levantar los pendones y los tambores atronaron los aires . El´ejército cristiano iba a la batalla , con el ánimo firme y con el orgullo en sus corazones . Entretanto , Martín Antolinez permanecía en silencio junto al altar , con los ojos cerrados y las manos sobre la cruz de su pecho . Su escudero , nervioso , estaba en la puerta de la iglesia y miraba con enojo a su amo : las tropas ya habían partido y sólo se veía la gran polvareda que levantaba el ejército a su paso .
-!Señor! !Señor! -decía-. !Ya marchan los soldados! ! Tomad el caballo y uníos a ellos o llegaréis tarde al combate ! !Señor , por Dios! !Dejad los rezos , que ya tenéis bastantes y tomad vuestra espada y vuestra lanza ! .Sin embargo , Martín Antolínez no parecía escuchar a su vasallo y allí se quedó como absorto , frente al altar , orando y pidiendo a Dios por su alma..... En el valle las armas brillaban al sol teñidas de sangre . Los turbantes y los yelmos caían partidos por su mitad , y cientos de caballos agonizaban en el barro . De un lado , los sarracenos hacían sonar sus timbales y arremetían con lanzas , cimitarras y dagas contra un ejército confiado en el poder de su Dios . De otro , Fernán González y los suyos elevaban al cielo su acero burgalés e invocaban la ayuda de Santiago y San Millán ; los cristianos hacían tan gran carnicería , que si no fuera porque los sarracenos aún veneraban a Alá en sus últimos há´litos , daría lástima ver tanto lujo moro y tanto buen caballero tendidos en el lodo . Las antiguas crónicas dicen que en aquella batalla murieron 15.000 moros y que sólo quedaron en el campo cuatrocientos cristianos de a pie . En fin , llegada la atardecida , los ejércitos de Fernán González lograron la victoria y su regreso triunfal se vio acompañado de los vítores y cánticos de los soldados . El botín fué inmenso : algunos caballeros traían cordones de seda , escudos de oro y piedras maravillosas que los infieles llevaban en la frente : otros venían con su lanza en ristre , habiendo ensartado en ella las cabezas de los sarracenos muertos : otros traían los pendones con la media luna , y otros se habían apoderado de los caballos del enemigo. Cuando llegaron al campamento , Fernán González descendió de su alazán y preguntó por Martín Antolínez . El escudero de este capitán huyó de su vista , avergonzado porque su amo no había acudido a la batalla ; había estado todo el santo día en la iglesia rezando y él mismo sentía deshonor por la cobardía de su amo . Nadie veía a Martín Antolínez por ninguna parte , hasta que al fin apareció el caballero saliendo de la iglesia con su armadura abollada , con el rostro ensangrentado y una peligrosa herida en el brazo . Nadie mostró la menor sorpresa , y bien al contrario , todos lo vitorearon y lo ensalzaron como héroe....Pero el mismo Martín Antolínez se vió sorprendido en su figura , pues pensaba que se había quedado dormido en el templo , y desde luego , el no había estado en la batalla.....Ysin embargo....su armadura estaba polvorienta y ensangrentada , su frente se nublaba por un golpe doloroso y el brazo le dolíá enormemente . Fernán González avanzó hasta él y lo abrazó como sólo se abraza a un verdadero héroe. --!Hermano! -le dijo- : estoy orgulloso de vuestro valor , todos lo estamos , y os proclamamos vencedor de la batalla . Nadie sino vos pudo internarse en el fragor del combate y arrebatar la bandera de las huestes sarracenas , nadie sino vos pudo tajar la cabeza del capitán moro , nadie sino vos pudo defender con tanto ardor el sagrado pendón de Castilla.....Pero , sabed --gritó Fernán González a sus tropas --que aún hay algo más : Martín Antolínez me ha salvado la vida en esta ocasión , pues él fue , y no otro , quien mató a mi enemigo cuando yo estaba en tierra y en trance de ser degollado . !Dios guarde a Martín Antolínez !. Entonces el caballero supo que Dios había obrado un milagro y cayó de rodillas ante el conde de Castilla . : --!Señor don Fernán González !-dijo- !Dad las gracias a Dios Nuestro Señor , y no a mí !. , porque yo no he salido de la iglesia y un ángel ha tomado mi figura para luchar por la cristiandad . Y todos conocieron la verdad de este suceso : se arrodillaron y oraron a Dios , que les había hecho conocer su poder en aquella ocasión singular . El castillo de Gormaz cayó finalmente en manos de los cristianos el año 1059 y era el orgullo del rey de León y Castilla , Alfonso VI . La aldea tomó entonces el nombre de San Esteban de Gormaz . Villa y fortaleza pasaron después al héroe castellano
Rodrigo Diaz de Vivar , el Cid.




