sábado, 10 de octubre de 2009

Las tres carabelas - Día de la Hispanidad

En 1485 Cristóbal Colón se presentó en el convento franciscano de La Rábida sin una moneda en el bolsillo ni un pedazo de pan que llevarse a la boca. Aquellos monjes, que habían tenido la nunciatura de Guinea con jurisdicción sobre todos los archipiélagos atlánticos, estaban muy vinculados a las islas Canarias y al mundo marinero, de modo que no les fue difícil poner al genovés en contacto con Alonso Pinzón, armador local, persona muy estimada en el puerto de Palos y verdadero apasionado por los descubrimientos de tierras nuevas. Pinzón se entusiasmó inmediatamente con el proyecto de Colón y le llevó ante el duque de Medinaceli, quien le dio dinero y una elogiosa carta de presentación para los Reyes Católicos. Reconfortado por la generosidad del duque y por la bondad y comprensión de los franciscanos y el armador, Colón se dirigió a la corte, instalada en Córdoba, provisto de la valiosa recomendación ducal. El 20 de enero de 1486 consiguió ser recibido por los monarcas. Durante la audiencia, Fernando se mostró frío y evasivo, pero no así Isabel, quien juzgó conveniente someter los planes de Colón a una comisión de peritos. Tras firmarse las capitulaciones de Santa Fe el 17 de abril de 1492, en pocos días se reunieron dos millones de maravedíes y se armaron dos carabelas, la Pinta y la Niña, y una nao, la Santa María, que partieron de Palos de la Frontera rumbo a San Sebastián de la Gomera el 3 de agosto de ese mismo año. Eran éstos unos navíos pequeños y fuertes, capaces de alcanzar con buen tiempo velocidades de seis o siete nudos y que, cuando amainaba el viento, podían ser impulsados a fuerza de remos sin excesiva dificultad. Cada uno tenía un solo camarote para el capitán, pues la tripulación dormía en cubierta. Una vez al día, en un pequeño horno instalado en el centro del barco, se guisaba una comida caliente con gran provisión de ajo. El tiempo lo iban marcando relojes de arena de media hora, a los que regularmente daban vuelta los grumetes. La tripulación de las tres naves era de unos ochenta y siete hombres, incluyendo tres médicos, un despensero, un intérprete y un representante de la reina que llevaba la cuenta del oro y de las piedras preciosas que había a bordo. La travesía duró treinta y tres días. Impulsados por los vientos favorables del este, los tres barcos arribaron el 12 de octubre de 1492 a la isla de Guanahani, llamada por Colón San Salvador en la actualidad isla de Watling, en las Bahamas), después de que el marinero Juan Rodríguez Bermejo, conocido como Rodrigo de Triana, diese el preceptivo grito de "¡Tierra!", ganándose los mil maravedíes que el rey Fernando había prometido al primero que viese las costas de Asia. El almirante descendió a tierra con el notario real, el capellán y los oficiales; luego se arrodilló, dio gracias a Dios y con gran pompa tomó posesión de la isla en nombre de los Reyes Católicos, mientras grupos dispersos de indígenas, desnudos y aparentemente inofensivos, contemplaban con curiosidad a los recién llegados. Colón escribiría: "Son tan ingenuos y tan generosos con lo que tienen que nadie lo creería de no haberlo visto. Si alguien quiere algo de lo que poseen, nunca dicen que no; al contrario, invitan a compartirlo y demuestran tanto cariño como si toda su alma fuera en ello..." Estas gentes fueron posteriormente identificadas como los indios tainos, una etnia desaparecida después. Ante ellos, el asombro de los navegantes fue considerable, pues hablaban un idioma completamente desconocido y pertenecían a una raza que no se parecía a ninguna de las descritas en los libros de los exploradores y antiguos cronistas, desde Herodoto hasta Marco Polo. Pero a nadie se le ocurrió pensar, por supuesto, que aquellas tierras no pertenecían a Asia.
Día de la Hispanidad • Fiesta de la Hispanidad [desde 1926]
Hispanidad es término del español clásico, que a principios del siglo XX había ya caído en desuso. Pero en 1926 el sacerdote español Zacarías de Vizcarra propuso, en un artículo que publicó en Buenos Aires, que «Hispanidad» debiera sustituir a «Raza» en las celebraciones del doce de octubre. La celebración del doce de octubre como Fiesta de la Raza había sido propuesta en 1913 por Faustino Rodríguez San Pedro desde la organización Unión Ibero-Americana, y en 1918 alcanzó en España el rango de fiesta nacional con esa denominación. Denominación ampliamente utilizada de hecho en distintas Repúblicas americanas que habían reconocido también el 12 de octubre como fiesta nacional, sin nombre alguno o bajo otros rótulos.
El 15 de diciembre de 1931, Ramiro de Maeztu , que había sido Embajador de España en Argentina en 1928 y 1929, abrió la revista Acción Española con un artículo titulado "La Hispanidad" , que se inicia así: «'El 12 de octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad.' Con estas palabras encabezaba su extraordinario del 12 de octubre último un modesto semanario de Buenos Aires, El Eco de España. La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra. Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra, como ésta de Hispanidad, que comprenda también y caracterice a la totalidad de los pueblos hispánicos?»
A lo largo de 1932 y 1933 Maeztu fue puliendo y popularizando su idea de la Hispanidad, que quedó consagrada en la primavera de 1934, cuando apareció su libro Defensa de la Hispanidad. Aunque no fue, por supuesto, el único que comenzó a utilizar el nuevo término: en 1927 Unamuno ya prefiere hispanidad a españolidad; en 1931 Santiago Montero Díaz contra los separatismos , defiende al «conjunto de naciones ligadas por una comunidad de intereses y subordinadas a una denominación común de hispanidad»; en 1937 Antonio Machado habla en su discurso de clausura del Congreso Internacional de Escritores de Valencia como «un español consciente de su hispanidad», &c.
El 12 de octubre de 1934, en el Teatro Colón de Buenos Aires, en la velada conmemorativa del «Día de la Raza» (denominación impuesta en Argentina por el uso, pues el decreto de 1917 que convirtió el doce de octubre en fiesta nacional argentina, firmado por el presidente Irigoyen, no menciona rótulo alguno), pronunció el Arzobispo de Toledo y Primado de España, Isidro Gomá Tomás, un importante discurso, Apología de la Hispanidad , en el que la máxima autoridad de los católicos españoles, creado al año siguiente Cardenal de la Iglesia de Roma, se convertía en apologeta de la idea de la hispanidad defendida por Ramiro de Maeztu.
Y el 12 de octubre de 1935 ya fue celebrado en Madrid el día de la Hispanidad. A la española hora de las cinco de la tarde Ramiro de Maeztu pronunció un elocuente discurso en la Academia Española, sobre el descubrimiento y la colonización de América. Y con el título «El día de la Hispanidad» publicó un artículo en el número inaugural de Hispanidad, revista quincenal cuyo primer número está fechado precisamente el 12 de octubre de 1935. En el segundo número de esa revista puede leerse: «La conmemoración de la fiesta de la Hispanidad. Con gran brillantez se ha celebrado este año el día de la Hispanidad. Toda España se ha sumado a su conmemoración. Y no solamente en España. En América, ni qué decir. En cuanto al extranjero, allí donde existe un núcleo de españoles se han reunido y han brindado por la raza española.» (Hispanidad, nº 2, 1 noviembre 1935, pág. 26.) Ese mismo día de la Raza, en Sevilla, se inauguró el XXVI Congreso Internacional de Americanistas .
Un año después, en octubre de 1936, Ramiro de Maeztu, prisionero de la República en la cárcel de Madrid, fue asesinado sin juicio en una de aquellas tristemente famosas sacas. Pero su Defensa de la Hispanidad volvió a publicarse en 1938, en plena guerra civil española, y sus ideas se convirtieron en uno de los principales soportes ideológicos de quienes alcanzaron la Victoria y pudieron establecer la Paz sobre quienes entonces preferían convertir España en una república bolchevique satélite de la Unión Soviética. (Zacarías de Vizcarra volvió a España en 1937 y se convirtió en uno de los principales colaboradores del Cardenal Gomá, desde la Secretaría General de la Dirección Central de la Acción Católica Española, orgánicamente dependiente del Arzobispo de Toledo.)
No debe extrañar, por tanto, que incluso antes de alcanzarse la paz en España, en las celebraciones del doce de octubre se fuese generalizando en medios oficiales, desde muy pronto, la denominación Día de la Hispanidad o Fiesta de la Hispanidad, aunque, sobre el papel, el decreto de 1918, de Antonio Maura y Alfonso XIII, que denominaba Fiesta de la Raza a la fiesta nacional española, conmemorativa del descubrimiento de América, se mantuviera en vigor durante cuarenta años.
El 12 de octubre de 1939, Año de la Victoria en España, tras poco más de seis meses de postguerra, la celebración oficial del día de la Raza, presidida por Francisco Franco, tuvo lugar en Zaragoza, con una especial devoción a la Virgen en el día del Pilar, pero sobre todo como Día de la Hispanidad, símbolo de la nueva política interior y exterior que se propugnaba: «Las fiestas de la Hispanidad han tenido en Zaragoza un escenario incomparable. (...) El significado profundo de las fiestas fue la compenetración íntima del homenaje a la Raza y la devoción de Nuestra Señora del Pilar, es decir, el símbolo de la unión cada vez más estrecha de América y España. Chile participa con fervor en el homenaje que se rinde a la Hispanidad y se enorgullece de su origen y de sus firmes tradiciones hispánicas» (Germán Vergara D., Encargado de Negocios de Chile); «En los albores de la España Nueva, de la España Fuerte, de la España Grande, ha tenido lugar con más significación y solemnidad que nunca la Fiesta de la Raza. (...) El Ecuador, ante la significativa solemnidad de este día, no puede menos de sentirse íntima, profundamente unido a España en la ruta hacia el futuro enorme. Hacia la meta grandiosa y clara que expresa: 'Hispanidad'» (Juan F. Marcos Aguirre, Ministro Plenipotenciario del Ecuador); «El Caudillo de España ha instituido en Zaragoza, y el día del Pilar, la fiesta de la Hispanidad. En este primer año han acudido al llamamiento las naciones hermanas de Portugal y América Hispana. Todos han hecho su primer acto de afirmación hispánica junto al Santo Pilar de Nuestra Señora. El Caudillo, en un discurso histórico, ha proclamado, a los cuatro vientos, que la Virgen Santísima del Pilar es la Patrona de la Hispanidad.» (Pedro Altabella, «El Pilar y la Hispanidad», en El Caudillo, la Hispanidad y el Pilar, número extraordinario de la revista Letras, 1 abril 1940, pág. 209.)
En 1943 la celebración oficial en España del Día de la Hispanidad fue objeto de especial atención, por cuanto se vinculó a la reinauguración de la Ciudad Universitaria, destruida durante la guerra .
Aunque, legalmente, el Día de la Hispanidad no alcanzó reconocimiento en la España del franquismo hasta 1958, cuando un decreto de la Presidencia del Gobierno de 9 de enero de 1958 estableció: «Dada la enorme trascendencia que el 12 de Octubre significa para España y todos los pueblos de América Hispana, el 12 de Octubre será fiesta nacional, bajo el nombre de Día de la Hispanidad.»

El Empecinado

Juan Martín Díaz, llamado el Empecinado; Castrillo de Duero, Valladolid, 1775 - Roa, Burgos, 1825) Guerrillero español. Este hijo de un labrador acomodado de Castilla tenía experiencia como soldado desde que combatió contra la Francia de la Convención en la Guerra del Rosellón (1792-95). Posteriormente, su animadversión contra los franceses le llevó a realizar alguna operación de sabotaje en la época en que Francia era aliada de España. Tras el levantamiento popular de 1808, con el que dio comienzo la Guerra de la Independencia, se unió a las fuerzas del general Cuesta, vencidas por los franceses en las batallas de Cabezón y Medina de Rioseco.
Tras la derrota del ejército regular, y consciente de la dificultad de vencer al poderoso ejército napoleónico en campo abierto, organizó partidas de guerrilleros que hostigaron continuamente a los franceses con pequeñas acciones rápidas que dificultaban las comunicaciones; amparándose en el conocimiento del terreno y en la movilidad de pequeñas partidas irregulares, sostuvo una guerra de desgaste penosa para el ejército napoleónico, que mantuvo abierta la «guerra peninsular» hasta 1814.
El Empecinado (apodo que recibían los vecinos de su pueblo natal) organizó diversas partidas por las actuales provincias de Valladolid, Burgos, Segovia, Guadalajara y Cuenca, como la «Partida de descubridores de Castilla la Vieja», los «Tiradores de Sigüenza» o los «Voluntarios de Guadalajara», hasta un total de unos diez mil hombres; sus acciones se extendieron ocasionalmente hasta la costa mediterránea y la frontera portuguesa, y estuvieron coordinadas con la ofensiva inglesa mandada por Wellington.
Los franceses intentaron infructuosamente capturarle, encargando de ello al general Joseph Leopold Hugo, que tenía experiencia en la lucha contra la guerrilla en la Vendée y en los Abruzzos italianos. El Empecinado se convirtió en un héroe mítico en la imaginación del pueblo que sufría la ocupación francesa; la Junta Central y la Regencia le reconocieron sus méritos concediéndole el grado de general.
Pero cuando, derrotados los franceses, recuperó el Trono Fernando VII y éste restauró el absolutismo monárquico rechazando la obra de las Cortes de Cádiz, El Empecinado se declaró partidario del liberalismo y reclamó al rey que aceptara la Constitución. Lejos de ello, Fernando VII le confinó en Valladolid.
Cuando la Constitución volvió a ser puesta en vigor tras el pronunciamiento de Riego (1820), se le encomendaron al antiguo guerrillero cargos de responsabilidad en la Administración liberal (gobernador militar de Zamora, segundo jefe de la Capitanía General de Castilla la Vieja). Participó en la resistencia contra la nueva invasión francesa de los «Cien mil hijos de San Luis», que en 1823 vinieron a acabar con la experiencia liberal en España. Tras la derrota se exilió brevemente en Portugal, de donde regresó aquel mismo año para ser detenido y encarcelado en el castillo de Roa. Allí fue sometido a un trato denigrante por los Voluntarios Realistas hasta que, después de una farsa de juicio fue condenado a muerte y ejecutado por expreso deseo del rey.

viernes, 9 de octubre de 2009

Agustina de Aragón


Su nombre era realmente el de Agustina Raimunda María Saragossa Doménech, aunque a partir del momento de su heroico comportamiento durante el cerco de la ciudad de su mismo apellido, se le conoció como Agustina de Aragón y también como "La Artillera". Como casi siempre ocurre, también en este caso su hazaña se engrandeció y deformó de modo exagerado por las idealizaciones personales de quienes fueron encargándose de transmitir los hechos.
Agustina había nacido en la parroquia de Santa María del Mar, de la ciudad de Barcelona, el 4 de marzo de 1786. El párroco Ramón Albert y Juliana nos dejó constancia de su Bautismo, en el correspondiente libro de Nacidos, y que dice:
"6 de marzo de 1786
En dicho día, mes y año he bautizado a Agustina Raymunda María, hija legítima de Pedro Juan Saragossa, obrero, y de Raymunda Doménech, cónyuges. Fueron sus padrinos Juan Altarriba, armero, y Agustina Vilumara, mujer del padrino. Les instruí de las obligaciones que contraen. Ramón Albert y Juliana, presbítero Subvicario."
Sus padres se habían casado el 8 de agosto de 1772 y eran leridanos, del pueblo payés de Fulleda, se llamaban Pedro Juan Francisco Ramón Saragossa Labastida y Raimunda Doménech Gasull. Sus padres buscando mejorar su situación, agravada con la llegada de los hijos, marcharon a residir y trabajar en Barcelona. Cuando Agustina no contaba más allá de diecisiete años, el 16 de abril de 1803, contrajo matrimonio con un joven, Juan Roca Vilaseca, natural de Masanet de Cabrenys, partido judicial de Figueras, el idílico lugar conocido como "La Selva", en Gerona; y a la sazón Cabo 2º del Primer Regimiento del Real Cuerpo de Artillería, destinado en la guarnición de Barcelona.
Juan participaría en todas las escaramuzas desde Esparraguera hasta el 14 de junio de 1808 en la acción del Bruch, en la defensa de Barcelona y luego en la retirada del 16 de diciembre del Campo de Esplugues, y pocos días después, el día 21, en Molins de Rey, y desde allí las tropas españolas proseguirían en sus acciones hasta llegar a su nueva guarnición, Zaragoza. Hasta allí le seguirán su mujer y el hijo, de tan solo cuatro años, tal y como entonces era frecuente con los ejércitos que a cierta distancia se movían acompañados de grandes contingentes de familiares.
Hallábase el matrimonio formado por Agustina y el entonces Sargento Segundo Juan Roca, como vimos recién destinado en la ciudad de Zaragoza. La ciudad hervía con la llegada de quienes llegaban a guarecerse en la plaza y defenderla de la inminente amenaza francesa. En el mes de julio se produjo el acoso y ataque francés, bajo el mando del ufano Lebfevre, a la asediada plaza aragonesa. El general Palafox rechaza la propuesta de rendición que le hace llegar el jefe francés. Los planes franceses eran los de atacar por tres lugares: la puerta del Carmen, las del Portillo y la de Santa Engracia. La mañana del día 15 de junio de 1809 el bombardeo francés arrecia y la ciudad es atacada por los cuatro costados.
Tal fue la improvisación, que los zaragozanos habrían de fortificar la plaza bajo el fuego de los cañones franceses y los ataques de su caballería e infantería.
Era el 2 de julio cuando la defensa de la puerta conocida como del Portillo que se había encomendado a don Francisco Marco del Pont, rebasados por momentos los defensores españoles, los franceses penetran por la brecha abierta, los servidores de una pieza de artillería allí apostada han caído bajo el fuego y la metralla francesa. De pronto, sin que nadie pudiese suponerlo, una de aquellas mujeres que presurosas ayudaban a los que defendían las improvisadas trincheras, llevándoles municiones, tacos, agua y alimentos a pie de los baluartes, al tiempo que les anima con palabras como las que ella misma describe en un Memorial que tiempo después, hallándose en Sevilla, el 12 de agosto de 1810, dirigió al Rey: "... atacada con la mayor furia, pónese entre los Artilleros, los socorre, los ayuda y dice: ¡Animo Artilleros, que aquí hay mugeres cuando no podáis más!. No había pasado mucho rato quando cae de un balazo en el pecho el Cabo que mandaba a falta de otro Xefe, el qual se retiró por Muerto; y caen también de una granada, y abrasados de los cartuchos que voló casi todos los Artilleros, quedando por esta desgracia inutilizada la batería y espuesta a ser asaltada: con efecto, ya se acercaba una columna enemiga quando tomando la Exponente un botafuego pasa por entre muertos y heridos, descarga un cañón de a 24 con bala y metralla, aprovechada de tal suerte, que levantándose los pocos Artilleros de la sorpresa en que yacían a la vista de tan repentino azar, sostiene con ellos el fuego hasta que llega un refuerzo de otra batería, y obligan al enemigo a una vergonzosa y precipitada retirada. En este día de gloria mediante el parte del Comandante de la batería el Coronel que era de Granaderos de Palafox, la condecora el General con el título de Artillera y sueldo de seis reales diarios...". Efectivamente una joven de tan solo 22 años se había encaramado sobre aquella porción de muertos y tomando de la mano del Cabo que mandaba la pieza, toma el botafuego que tantas veces en aquellos días ha visto aplicar al cañón de su vecindad. El momento tan oportuno que produjo en los que penetraban por la brecha una gran mortandad y los obligó a retroceder, dando así tiempo a que se reforzase la posición y pudiese ser contenido el avance enemigo.
Enterado el general Palafox, mandó a llamar a la joven, que resulto ser la esposa de Juan Roca Vilaseca, a la sazón Sargento Segundo del Cuerpo de Artillería, en aquel momento participando en las acciones de María, Montorrite y Belchite, de nombre Agustina. Palafox allí mismo, sobre el campo de batalla le felicitó y concedió el distintivo de subteniente con el uso de dos escudos de distinción con el lema cada uno de ellos: "DEFENSORA DE ZARAGOZA" y el otro "RECOMPENSA DEL VALOR Y PATRIOTISMO".
Agustina permanece en la ciudad también cuando el segundo sitio, Moncey y Morthier asedian la ciudad con un numeroso ejército, es el día 20 de diciembre. Las brechas van abriéndose de nuevo, Agustina como siempre esta activa en la defensa, especialmente el día 31. Ese día el propio Palafox le "... dio la cinta de honor que usa, cuyo documento perdió siendo prisionera...". Por efecto de la peste, Agustina se hallaba postrada en una cama puesta en el repuesto de un cañón, dentro del convento de San Agustín, y allí se entera de que los franceses han entrado en la ciudad, "... La llevaron con otros muchos a Casablanca. Estiéndese la voz entre los Comandantes franceses que la Artillera Zaragoza estaba prisionera y se le presentan dos, cuya maldita lengua no entendió, y se dexa comprender por la caridad que después dispensaron. Esta no fue otra que hacerla andar, sin consideración a su enfermedad, con todos los demás Prisioneros y su hijo, hasta que apiadado uno de éstos, el Ayudante de Artillería Dn. Pedro de Bustamante, le cedió uno de los dos machos que llevaba, donde fue con su criatura hasta que en Caparroso le robaron el macho, ropa y dinero que llevaba... Llegada a Olvega perdió a su hijo a la fuerza del contagio, fatiga del camino y falta de recursos para asistencia.". Hallándose repuesta solicita al Rey la ayuda necesaria para dirigirse al lugar donde su marido se halla de guarnición. Con fecha 30 de agosto de 1809, el Rey concédele el haber mensual y sueldo de Alférez de Infantería que disfrutó hasta su fallecimiento.
Curiosamente, el parte que sobre el heroico suceso emitió el general Palafox, realmente constituye la primer idealización que sobre Agustina se lleva a cabo. En él, Palafox dice que la joven "... enlazada con conesiones con un Sargento de Artillería, con quien estaba concertado su matrimonio; servía éste bizarramente aquel cañón de a 24, y a la sazón una bala enemiga lo acierta y lo tiende en el suelo; llegaba la Agustina a traerle el refresco y no se le permitió la entrada, contentándose en contemplar a su amante desde la gola de la batería, verle caer y presentarse ella en el mismo sitio fue obra de un momento, arranca del cadáver el botafuego que tenía aún en la mano, llena de heroico entusiasmo dice: AQUÍ ESTOY YO PARA VENGARTE, agita el botafuego y lo aplica al cañón declarando que no se separaría del lado de su amado hasta perder ella también la vida..."
Observando con detenimiento los escritos del general Palafox, concluimos que Agustina había llegado a Zaragoza cuando se iniciaba el cerco a la ciudad, después de hallarse el 6 de junio en la "... escaramuza que padecieron los franceses desde Esparraguera al Bruch..."; el botafuego, como ella misma declaró, lo tomó de la mano del Cabo que mandaba la batería "... a falta de otro Xefe..."; posiblemente el botafuego ya lo había tomado antes de llegar a la pieza, en la gola, pues en la declaración dice "... tomando un botafuego pasa entre muertos y heridos..."; Juan, el marido de Agustina se hallaba en aquellos días alejado de la plaza de Zaragoza, participando en acciones militares en tierras de Belchite, conforme podemos verificar a través del estudio de su Hoja de Servicios, y que en 31 de diciembre de 1816, estaba vivo y en esta fecha ejercía como Subteniente del Primer Batallón de Tren, del Real Cuerpo de Artillería.
Hallándose en Teruel, recibe invitaciones de los generales Blake y el marqués de Lazán, para que vaya a Sevilla y Cádiz, donde se le esperaba para agasajarla. Hacia allí se dirige y llegada a su destino, son innumerables los homenajes que se le dispensan. Sin embargo ella muestra el deseo de retornar a Cataluña, especialmente a Tarragona donde su marido lucha aun contra los franceses. Participa en la defensa de Tortosa y tras la caída d e la plaza, se incorpora a la guerrilla que manda Francisco Abad "Chaleco", actuando por La Mancha durante un corto espacio de tiempo, pasando a incorporarse al Cuerpo que manda Morillo y parece ser participa en la batalla de Vitoria. Cuando llega el final de la sangrienta lucha, siendo el mes de agosto de 1814, Agustina se halla en Zaragoza de nuevo y recibe un escrito de Palafox, en el que le comunica que el rey "... ha mostrado deseos de conocerla y, por tanto, esta Vm. Precisada de complacer a Nuestro Monarca pasando a la Corte...". El siguiente 25 de agosto fue recibida por Fernando VII. Retorna a Zaragoza y de allí pasa a Barcelona, donde el Subteniente Roca quedaba destinado momentáneamente. En este tiempo nació su segundo hijo, de nombre Juan, el cual nació algo débil y hubieron de buscar un nuevo asentamiento en clima que sentase bien al vástago de aquella luchadora familia. Buscando el beneficioso clima de Castilla, Roca logra el traslado a la plaza de Segovia, cuna de la Artillería española, a donde llegan en la primavera de 1817. Todavía estarán dos años más en aquel destino, solamente llegará el cambio con el ascenso a Teniente de Artillería, con fecha 26 de septiembre de 1819, y destino a Valencia, luego tres años más tarde pedirá el retiro por enfermedad con fecha 12 de mayo de 1822, con residencia en Barcelona. Allí retornan, pero el clima sienta mal al teniente Roca, víctima de la tisis se debate sin remedio, en una enfermedad costosa. Es el momento en que Agustina deberá de hacer llegar a los estamentos superiores la grave situación familiar. Sus requerimientos han surtido efecto y prueba de ello es la Real Orden de 16 de enero de 1823, en la que por sus excepcionales méritos se accede a lo solicitado. Sin embargo, Juan Roca fallece en la cama número 4, del Hospital Militar del Seminario, de aquella ciudad de Barcelona, el 1 de agosto de 1823.
Agustina en el momento de quedar viuda tiene 37 años, unos meses después, en marzo de 1824, sin solicitar la Real Licencia para contraer matrimonio como era preceptivo, por su condición de Subteniente Vivo de Infantería, contrae segundo matrimonio con un médico alicantino, que era algo más joven, tenía 26 años, Juan Cobos Mesperuza. En julio de 1825, en Valencia, donde residen, nace su hija Carlota.
Tiempo después y debido al Real indulto de 17 de diciembre de 1830, solicita su aplicación por no haber solicitado a su debido tiempo la Real Licencia para contraer nuevo matrimonio.
El nuevo matrimonio pasa a residir en Sevilla, por lo menos hasta el año 1847, en que su hija Carlota, casada con Francisco Atienza y Morillo, Oficial 2º del Cuerpo de Administración Militar, pasó destinado a Ceuta. En Sevilla quedan su marido y Juan Roca su segundo hijo, criado con gran cariño por su padrastro y que estudiaría Medicina, ejerciendo siempre en su ciudad de residencia.
Ceuta, constituía como hoy mismo una avanzada española en el continente africano. Bien, pues allí, en su calle Real, en el edificio conocido como la "Casa grande", que curiosamente fue propiedad de un antepasado de quien esto escribe, José Arango, quien la había comprado al general O’Donell. De su estancia en Ceuta, hallamos constancia documental de Agustina en el año 1855, donde continua ostentando el grado de Subteniente agregado al Regimiento Fijo de Ceuta, disfrutando vitaliciamente de su correspondiente sueldo de 511 reales de vellón, tal y como consta en un recibo que de ello se conserva.
Dos años después otro párroco, esta vez de la parroquia de Santa María de los Remedios, de Ceuta, es quien nos acerca documentalmente a Agustina, aunque en esta ocasión por un hecho luctuoso.
Agustina ha fallecido, su inscripción en el libro de Difuntos, dice:
"Certifico: Que en el libro Séptimo de defunciones al folio treinta y cinco vº de este Archivo Parroquial de mi cargo, se encuentra la siguiente partida:
En la fidelisima ciudad y plaza de Ceuta, el día veinte y nueve de mayo del año mil ochocientos cincuenta y siete, murió de una afección pulmonar, en la casa de su morada y Comunión de Nuestra Santa Madre Iglesia, de edad setenta y un años, Doña Agustina Zaragoza Doménech, natural de Barcelona, agraciada por S. M. El Rey Don Fernando (Q.E.P.D) con el carácter y prerrogativas de Oficial del Ejército Vivo y Efectivo, condecorada con varias cruces de distinción por hechos heroicos de guerra en la célebre de Independencia, hija legítima de Don Pedro Zaragoza y Doña Raimunda Doménech, naturales de Juneda, en la provincia de Lérida. Fue viuda de Don Juan Roca Vilaseca, de cuyo matrimonio deja un hijo, y siendo casada en segundas nupcias con Don Juan Cobo Belchite y Reperma, natural de Almería, de cuyo matrimonio ha dejado una hija. Recibió los Santos Sacramentos de la Penitencia, sagrado Viático y extremaunción. Hizo testamento. Su cadáver fue sepultado hoy, día siguiente al expresado de su muerte, en el Cementerio General de Santa Catalina, extramuros de esta ciudad"
Fue enterrada en el cementerio de Santa Catalina, departamento de San Cayetano, nicho número 1. Su lápida en letras de bronce decía:
"A la memoria de doña
AGUSTINA ZARAGOZA
Aquí yacen los restos de la ilustre Heroína, cuyos hechos de valor y virtud en la Guerra de la Independencia llenaron al mundo de admiración. Su vida, tipo de moral cristiana, terminó en Ceuta en 29 de mayo de 1857 a los setenta y un años de edad: su esposo Don Juan Cobos, su hija doña Carlota e hijo político don Francisco Atienza, dedican este recuerdo a los restos queridos.
Derribado el panteón, sus restos no serían trasladados a Zaragoza hasta el 14 de junio de 1870 en que llegan a la ciudad que la volverá a acoger. Sus restos quedaron depositados en la Catedral del Pilar. Su definitivo descanso fue la capilla de la Asunción de la Virgen, en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Portillo, allí tan cerca de donde ella unos años antes había luchado por la Independencia nacional. La tumba de alabastro, con dos monumentos laterales, el de la izquierda de bronce, conteniendo tres nichos, sepultura de tres heroicas mujeres durante el desarrollo de los cercos, Casta Alvarez, Manuela Sancho y Agustina Zaragoza, el de la derecha de mármol negro sobre el que lleva en letras de oro, los nombres de todas las mujeres que destacaron en la épica defensa de Zaragoza durante los Sitios.
Una lápida rememora la traslación de los restos, el 15 de junio de 1909, presidida por el Rey, don Alfonso XIII, dice:
"Aquí yacen los restos mortales de AGUSTINA ZARAGOZA, CASTA ALVAREZ y MANUELA SANCHO. Descansen en paz las heroínas defensoras de Zaragoza. Este monumento les consagra y dedica la Junta del centenario de los Sitios 1808 y 1809."

Tras el fallecimiento de Agustina, su viudo, Juan Cobos y Mesperuza, recibió quizás a su solicitud expuesta ante el pretendiente Carlos VII, una Real Cédula del siguiente tenor:
"Su Magestad, deseando premiar los constantes servicios prestados en beneficio de Mi Patria y en favor de Mi Dinastía durante prolongados años por don Juan Cobos y Mesperuza, viudo de la invicta heroína de la Guerra de la Independencia, Agustina Zaragoza. Vengo en concederle para sí y sus descendientes legítimos, el Título de Barón de Cobos de Belchite.
Mi Secretario de Estado tomará nota de ésta Mi Real Resolución.
Dado en Mi Cuartel Real de Tolosa, a 5 de febrero de 1876.
Yo el Rey."
Aquella valerosa mujer, con su muerte dejaba cerrada otra página del libro de los humildes españoles que supieron llevar hasta lo sublime el sacrificio de su vida en defensa de los intereses nacionales. Agustina como los guerrilleros sería la constante bandera que elevaba las personas a cotas inimaginables y se hacían seguir de quienes también con mucho valor no tenían sin embargo la oportunidad de demostrar directamente su capacidad de sacrificio e inteligencia natural.

jueves, 8 de octubre de 2009

Cantigas de Santa María


Las Cantigas de Santa María constituyen un extenso poema lírico, de temática religiosa, compuesto por 420 himnos dedicados a la Virgen en los que está presente la figura del rey Alfonso X «el Sabio», unas veces como autor y otras como inspirador. Las Cantigas, finalizadas en el 1279, fueron escritas en dialecto gallego-portugués para ser cantadas y contienen, además de poesía y música, también pintura, ya que cientos de miniaturas acompañan a los manuscritos y relatan visualmente los acontecimientos.
En las Cantigas se alaban hechos milagrosos de la Virgen María como auxiliadora de los débiles, enfermos y pecadores, o como señora absoluta en cualquier situación; también hay cantigas donde se exaltan las virtudes cristianas y en otras donde se castigan vicios y pecados. Entre los milagros que glorifican a la Virgen por su intercesión en la curación de múltiples enfermedades, hasta un total de 10 Cantigas se refieren a curaciones de ciegos como esta que sigue , numerada con el 278.
«Como hũa bõa dona de França, que era cega, vẽo a Vila-Sirga e teve y vigia, e foi logo guarida e cobrou seu lume. E ela yndo-se pera sa terra, achou un cego que ya en romaria a Santiago, e ela consellou-lle que fose per Vila-Sirga e guareceria» (como una buena dama de Francia, que era ciega, vino a Vila-Sirga y habiendo velado allí fue luego sanada y recobró su luz. Y volviendo para su tierra, encontró un ciego que iba de romero a Santiago y le aconsejó que fuese por Vila-Sirga y sanaría).
La miniatura, dividida en 8 compartimentos, narra cómo esta dama ciega fue de romera a Santiago sin obtener curación para su ceguera, pero en el viaje de vuelta se detuvo a orar en la iglesia de Vila-Sirga y recobró la vista. Más tarde se encontró a otro ciego que iba de peregrino a Santiago y le aconsejó que fuera por Vila-Sirga, donde también se curó.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Mons. Antonio Maria Rouco Varela


Nació el 20 de Agosto de 1936 en Villalba (Lugo).
Estudios en Latín, Humanidades y Filosofía en el Seminario de Mondoñedo 1946-1947 a 1953-1954.
Estudios de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca 1954-55 a 1957-58, donde obtiene la Licenciatura en esa disciplina en Junio de 1958.
Se ordena Sacerdote el 28 de Marzo de 1959, en la Catedral Vieja de Salamanca, y el día 1 de Abril celebra su Primera Misa en la iglesia parroquial de Santa María de Villalba.
Estudios de Derecho y Teología en la Universidad de Munich, cursos 1959-60 a 1963-64, donde se doctora en Derecho Canónico el 25 de Julio de 1964, con la tesis: "Iglesia y Estado en la España del siglo XVI".
Profesor en el Seminario de Mondoñedo los cursos 1964-65 y 1965-66, de Teología Fundamental y Derecho Canónico.
Profesor Adjunto en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich de 1966 a 1969.
Profesor de Derecho Público Eclesiástico en la Universidad Pontificia de Salamanca de 1969 a 1971 y Catedrático de Derecho Canónico Fundamental en la misma Universidad en 1971 y Vicerrector de la misma Universidad en 1972. Cargos que desempeña hasta su nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela en Septiembre de 1976.
"Perito" del Concilio Pastoral de Galicia desde la fase preparatoria del mismo 1974.
Consagrado Obispo, con el Titulo de Gergi, el 31 de Octubre de 1976.
En los años de estudio y trabajo científico en la Universidad de Munich estuvo adscrito a las parroquias de San Rafael y San Ansgar de esa ciudad, y en Salamanca fue Consiliario de Acción Católica Nacional de Propagandistas.
Ha publicado Libros y numerosos trabajos científicos en Revistas Españolas y extranjeras de su especialidad sobre temas relativos a la fundamentación teológica del Derecho Canónico y a los problemas de las relaciones Iglesia Estado. Es miembro de la Asociación Internacional de Derecho Canónico y de la Asociación Española de Canonistas. Ha sido ponente en la Semana Española de Derecho Canónico y en Congresos Internacionales de la misma materia.
Perteneció al Círculo Ecuménico de Canonistas de Heidelberg y al Comité Cristiano Interconfesional de Madrid.
Fue Consultor de la Sagrada Congregación para el Clero desde 1973.
En la Conferencia Episcopal Española fue Presidente de la Junta de Asesores Jurídicos y Miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, durante tres trienios 1981-1989.
Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española desde 1984.
Arzobispo de Santiago de Compostela 18 de mayo de 1984 (Bula de 9 de mayo de 1984). Posesión 30 de junio de 1984. Le impone el Sagrado Palio el Nuncio Apostólico Mons. Antonio Innocenti el 25 de julio de 1984 en la Catedral de Santiago en el Pontifical del Apóstol.
Responsable de la IV Jornada Mundial de la Juventud, 19-20 de Agosto de 1989 en Santiago de Compostela)
Nombrado Hijo adoptivo y Medalla de Oro al Mérito Ciudadano de la ciudad de Santiago de Compostela. Santiago de Compostela, 26 de julio de 1990.
Elegido Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades en Febrero de 1990.
Miembro del Sínodo de los Obispos Octubre 1993: sobre la formación de los Sacerdotes.
Participante en los Simposios de Obispos Europeos de 1985-1989.
Miembro del Comité Ejecutivo de la CEE - 1993.
Nombrado por el Santo Padre, con fecha 27 de Junio de 1994, miembro de la Congregación para la Educación Católica.
Nombrado por el Santo Padre, el 28 de Julio de 1994, Arzobispo de Madrid.
Nombrado “Socio de Honor” de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Madrid, 22 de octubre de 1994.
Recibió en Palio como Arzobispo Metropolitano de Madrid el 29 de Junio de 1995.
Recibió el “Baylio Gran Cruz de Justicia” de la S.O.M. Constantiniana de San Jorge. Madrid, 17 de Octubre de 1995.
Nombrado “Magnum Cancellarium” de la Facultad de Teología San Dámaso por el Santo Padre, el 19 de septiembre de 1996.
Nombrado Cardenal de la Santa Iglesia con el título de San Lorenzo in Damaso, por SS. Juan Pablo II, en el Consistorio del 21 de febrero de 1998.
Nombrado miembro de la Congregación para la Educación Católica, por S.S. Juan Pablo II, el 25 de febrero de 1998.
Nombrado miembro de la Congregación del Clero, por S.S. Juan Pablo II, 25 de febrero de 1998.
Premio “Madrigallego de Oro” de 1998. Madrid, 28 de mayo de 1998.
Galardonado con la “Medalla de Oro de Galicia 1998”, por la Xunta de Galicia. Santiago de Compostela, 25 de julio de 1998.
Nombrado miembro del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, por S.S. Juan Pablo II, 17 de octubre de 1998.
Nombrado miembro de la Congregación para los Obispos por un quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, el 19 de octubre de 1998.
Nombrado miembro del Pontificio Consejo de Cultura, por S.S. Juan Pablo II, el 19 de octubre de 1998.
Insignia de Oro, por la Asociación de Médicos Gallegos: ASOMEGA. Madrid, 24 de Noviembre de 1998.
Nombrado miembro de Honor del Foro Iberoamericano de la Fundación Carlos III. Madrid 23 de octubre de 1998.
Elegido Académico Numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Madrid, 1 de diciembre de 1998. Ingreso con el discurso: “Los fundamentos de los Derechos Humanos: una cuestión urgente”, en Madrid, 29 de mayo de 2001.
Elegido Presidente de la Conferencia Episcopal para el trienio 1999-2002. Madrid, 2 de marzo de 1999.
Nombrado Enviado Especial del Papa, para el Congreso Eucarístico Nacional del 26/29 de mayo de 1999 en Santiago de Compostela (26 de marzo de 1999).
Elegido “Gallego del año”, por El Correo Gallego. Santiago de Compostela, 29 de octubre de 1999.
Nombrado Relator General del Sínodo de Obispos para Europa (octubre de 1999), por S.S. Juan Pablo II.
Nombrado “Gallego del Año 2000”, por el Círculo de Periodistas Gallegos en Madrid. Madrid, 23 de junio de 2000.
Nombrado miembro del Pontificio Consejo “Cor Unum”, por S.S. Juan Pablo II, el 20 de septiembre de 2000.
Participante en la X Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos 30 septiembre /27 octubre de 2001.
Recibió el XV Grelo de Ouro, de la Fundación O Grelo – ‘Amigos de Galicia’. Villalba (Galicia), 10 de noviembre de 2001.
Recibió el Percebe de Oro, de la Enxebre Xuntanza do Percebe. Barcelona, 22 de febrero de 2002.
Reelegido Presidente de la Conferencia Episcopal para el trienio 2002-2005. Madrid, 26 de febrero de 2002.
Nombrado Doctor Honoris Causa por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. 17 de enero de 2003.
Recibió la Insignia de Oro de los Amigos del Camino Portugués a Santiago. Pontevedra. 11 de agosto de 2003.
Recibió la Gran Cruz de la Orden de Isabel La Católica, concedida por S.M. el Rey. Madrid, 13 de julio de 2003.
Recibió la Insignia de Oro 2002 de la Asociación Amigos do Camiño Portugués a Santiago. Pontevedra, 11 de agosto de 2003.
Reelegido miembro de la Congregación para los Obispos por un nuevo quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, el 10 de noviembre de 2003.
Reelegido como miembro del Pontificio Consejo de Cultura, por S.S. Juan Pablo II, el 30 de diciembre de 2003, para un nuevo quinquenio.
Nombrado miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, por S.S. Juan Pablo II, el 30 de marzo de 2004, para un quinquenio.
Recibió el Premio “Vieira de Plata”, en su categoría de GALLEGO UNIVERSAL, en su XV edición. Madrid, 17 de mayo de 2004.
Nombrado Enviado Pontificio para presidir las ceremonias de conclusión de la Peregrinación de Jóvenes a Santiago de Compostela del 7 y 8 de agosto de 2004. Roma, 19 de junio de 2004.
Nombrado Académico de Honor de la Academia de la Hispanidad, por el Capítulo de Nobles Caballeros de la Reina Isabel La Católica. Ávila, 9 de marzo de 2004.
Nombrado Caballero de Honor por el Capítulo de la Orden Militar de los Nobles Caballeros de la Reina Isabel La Católica. Madrid, 1 septiembre de 2004.
Nombrado miembro del Consejo Pontificio para la Interpretación de los Textos Legislativos para un nuevo quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, 21 de octubre de 2004.
Nombrado miembro del Consejo de Cardenales para el estudio de los problemas organizativos y económicos de la Santa Sede para un quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, 29 de noviembre de 2004.
Nombrado miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede para un quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, 6 de marzo de 2005.
Participante en la XI Asamblea Ordinaria General del Sínodo de Obispos 1/24 octubre de 2005.
Recibió la Medalla de Oro de la Universidad Pontificia de Salamanca. Madrid, 10 de marzo de 2006.
Designado como Legado Pontificio para presidir los actos conmemorativos del V Centenario del Nacimiento de San Francisco Javier, que tendrán lugar en el Santuario de Javier (Navarra) el día 7 de abril de 2006. Roma, 27 de febrero de 2006.
Nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad FASTA (“Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino”). Mar del Plata (Argentina) 20 de abril de 2006.
Nombrado miembro de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas de Buenos Aires. Buenos Aires (Argentina), 2 de febrero de 2006.
Nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de San Pablo-CEU. Madrid 16 de junio de 2006.
Nombrado miembro del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, por S.S. Benedicto XVI, 7 de octubre de 2006.
Elegido Miembro de Número de la Sección Primera de Teología de la Real Academia de Doctores de España. Madrid, 8 de noviembre de 2006.
Nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Burgos. Burgos, 17 de septiembre 1999.
Reelegido miembro del Pontificio Consejo “Cor Unum” para un quinquenio, por S.S. Benedicto XVI, el 24 de abril de 2007.